opinion rosa


Algunos pueden confundirse, todos no. Algo está pasando con la Sanidad Pública cuando usuarios, profesionales y gestores administrativos de la misma manifiestan continuamente su descontento. Pero, ¿quién tiene la razón? Se puede decir, que en mayor o menor grado, todos.

Está claro que los usuarios de la sanidad pública entienden mucho de consultas masificadas, de interminables listas de espera, de derroche de horas de paciencia en urgencias saturadas, y a lo mejor algo menos de cómo utilizar adecuadamente los servicios o la escala de gravedad de sus enfermedades, pero un curso intensivo de educación sanitaria tampoco es la solución. Una fiebre en un lactante a las tres de la mañana, aunque sea leve, angustia a cualquier padre; esperar ocho meses para una resonancia en caso de un ataque de ciática no mejora la calidad de vida del paciente, por no hablar de otros diagnósticos que provocan mucha más incertidumbre.

Pero los usuarios se quejan al profesional que les atiende, y estoy segura que tenemos grandes profesionales sanitarios. También estoy segura que tienen excelentes medios a su alcance, pero hay que comprender que ese profesional se queje de no dar más de sí, que se queje de la falta de personal, que reivindique su justo derecho al descanso, que huya de las horas extraordinarias, y entiendo que se lleguen a quemar y pasen a engrosar las cifras de absentismo laboral.

Mientras tanto los jerifaltes pasando, aunque también tengan su parte de razón. Las direcciones se quejan de la falta de espacio, de la escasez de dinero, de las protestas de los profesionales sanitarios, de la insuficiente educación sanitaria de los usuarios. De nada sirve llevar años y años hablando de un Plan Director “fantasma”, si el día a día no funciona y el tiempo pasa, si el hospital o los centros de salud se quedan pequeños e insuficientes, si los profesionales no descansan y sufren las bajas en sus propias carnes.

Al final se completa un círculo vicioso que alguien, o todos juntos tendremos que romper, porque si quien puede y tiene los medios no hace algo, acabaremos pensando, y también con toda la razón del mundo, que las autoridades sanitarias pueden ser peligrosas para la salud.

Rosa María Sañudo
Con la Sanidad no se juega