Los profesionales de la sanidad pública en nuestra ciudad, supongo que será extensible al resto del ámbito nacional, pero hablo de lo que conozco, están aburridos. No les falta trabajo, todo lo contrario, no adquieren somnolencia anodina enfúndanse en sus batas, qué va, pero están hartos de que sus pretensiones, reclamaciones, sugerencias, críticas y reivindicaciones se tomen por el pito de un sereno.
Patético. La crisis del sistema de salud pública es
palpable y aunque haya eruditos venidos a menos,
directores provinciales que ya pintan poco o nada, que
dicen ser poseedores de la solución mágica... ésta no
existirá si no nace del acuerdo. El diálogo entre
administración y profesionales es básico para entender
el germen del cáncer organizativo y de la patología
estructural.
Hace un año, más o menos, escribía en la columna que
me cede un diario local que la "pachorra", desgana y
altanería de algunos profesionales del sector
sanitario, más concretamente dentro del Clínico, poco
o nada ayudaba a la regeneración del sistema. Hoy me
reafirmo y en el banquillo "imaginario" de los
acusados siento a la administración ¿competente? y
como cómplices a los médicos, enfermeras y auxiliares
que, rotos por el caos, vegetan sin levantar la voz.
Su sumisión, en algunos casos, es la callada por
respuesta y acto. Inadmisible. Responsables son los
que mandan y co-responsables los ejecutores al
dictado. Estoy cansado de oír con victimismo a algún
profesional que acata órdenes, maldice las mismas en
privado y paga el pato con descaro y prepotencia ante
el enfermo y sus familiares. ¿Dónde va a parar?
Las listas de espera son el iceberg palpable de un
sistema podrido con un perjudicado anónimo, sin fuerza
y sin capacidad de reacción, el paciente. Mientras en
los sillones de mando se sienten "opulentos" doctos de
la demagogia mal andamos. La sanidad pide a gritos una
intervención quirúrgica de urgencia...con respiración
asistida porque...nos ahogamos.
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