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La Sanidad Pública en Salamanca no pasa por uno de sus mejores momentos. Las listas de espera, las reivindicaciones de médicos y otros sanitarios y las deficiencias en diferentes centros de la provincia, incluso en la capital como el de Sancti Spiritus, o el de las Urgencias del Hospital Universitario no son ciertamente un problema nuevo, pero sí que va creciendo y enquistándose día a día sin que hasta el momento haya político alguno que se atreva a decir que seguramente conviviremos el resto de nuestra vida, como usuarios de la Sanidad Pública, con la demora para una cita con el especialista, la espera interminable para un TAC y una desorganización interna que cada vez es más visible.

Haré, sin embargo, una excepción. Creo que lo más parecido a una Sanidad Pública de sobresaliente es lo que nos encontramos en el Hospital de Los Montalvos, aunque claro que allí sólo acudimos para recibir tratamiento en su excelente Unidad del Dolor, para intervenciones de cataratas o varices y para determinadas unidades especializadas y muy concretas.

Pero es increíble ver cuando te encuentras en Los Montalvos en una sala de espera, donde es difícil estar más de 10 minutos, como te va saludando todo el personal con una amabilidad exquisita, el trato personal y amable que recibes del personal de enfermería y las explicaciones claras y educadas que te da el médico especialista que te trata. Ésta, la del Hospital de Los Montalvos, es la Sanidad Pública que reclamo y que es posible porque, desde luego, en Salamanca existe.

Confieso también que siempre he tenido una fe ciega en la Sanidad Pública, hasta que el doctor Somalo, facultativo del Servicio de Medicina Interna del Hospital Virgen de la Vega, se negaba en el 2002 a permitir que una paciente suya, que cada vez se encontraba peor, fuera trasladada al Cínico para que la examinaran los neurólogos. El doctor Somalo nos dijo entonces que “la gente se muere” y mirando con una dureza escalofriante a una de las hijas de la paciente sentenció “y tiene que asumir que su madre se va a morir”. Unas horas después la paciente estaba en el Servicio de Neurología del Clínico, para eso impliqué en el problema a medio hospital incluido el gerente, y dos semanas después volvía a su casa sana y salva sin que hasta el día de hoy haya vuelto a sufrir ninguna recaía por la intoxicación de medicamentos a la que fue sometida por error en el Virgen de la Vega.

Tengo la certeza absoluta que de no haber tenido contactos en el hospital y de no haber encontrado a excelentes profesionales con ganas de sacar a la paciente de su crisis, a lo mejor el doctor Somalo hubiera tenido razón. Así que aconsejo a los responsables sanitarios que le envíen una temporada a Los Montalvos. Seguro que allí tiene mucho que aprender.

María José Pintor
A aprender a Los Montalvos