Viaje desde lo posible a lo presente
Siendo medianamente optimistas y realistas, gozamos de tener el mejor sistema público de atención a la salud en Europa.
La salud entendida en sentido integral es un deseo y una necesidad constante y presente en todos los ciudadanos. Por la inercia, el sistema funciona; A través de una llamada a los servicios de urgencia, o citación previa, tenemos segura una atención lo más próxima a nuestra residencia. Tenemos derecho todos, -en virtud de una Ley de Sanidad ya con solera- a una atención que solucione el 70% de nuestros problemas , lo más cerca de nuestro entorno por medio de unos centros de salud y unos equipos multiprofesionales que deben conocer e investigar porque enferma y muere esa comunidad y trate de poner en marcha programas o actuaciones a fin de restaurar y prevenir y promocionar la salud. Y una atención secundaria y especializada que con tecnología puntera y buenos profesionales –en los hospitales- son capaces de restaurar la salud que no es posible en los centros de atención primaria.
Si bien es verdad que de alguna manera el sistema funciona en cierto modo, no es menos cierto que adolece de graves deficiencias fundamentales crónicas que impiden su desarrollo por cambios fundamentales que no se han llevado a cabo desde hace 20 años:
- Somos quizás el país europeo con el mas bajo presupuesto en intervención sanitaria. (que yo sepa hasta hace poco salamanca estaba la segunda por la cola en calidad de servicios)
- Se sigue sin solucionar –al cabo de los años- un escollo fundamental clave para rentabilizar y optimizar los recursos y evitar la perversión del sistema: la dedicación exclusiva. Esto deriva en el aumento de las listas de espera y en los conciertos y “escapes” con la atención privada. Cada día es mayor la demanda por las necesidades de consultas y esto se traduce en demoras y bajar los niveles de calidad en la atención.
- Existe una discriminación profesional al romper el equilibrio de un médico-enfermera en los equipos básicos de atención primaria y no aumentar las plantillas -sobre todo en los responsables de cuidados- que sobrecarga y agota a los profesionales.
- Las trasferencias se han hecho deprisa y con falta de experiencia, de tal forma que existen graves problemas de organización, planificación y coordinación regional y local que se traducen en un deterioro constante de la atención primaria , donde se están convirtiendo los centros de salud, en los consultorios de antaño. Cada vez se invierten menos recursos y se planifica poco o nada en promocionar la salud y prevenir la enfermedad, sobre todo en el medio infantil y escolar, inversión incalculable para el futuro de una generación sana.
- No existe una política de amparo coherente con las necesidades sociales para una comunidad anciana, como es Castilla y León con faltas graves de cobertura en la atención domiciliaria y con mínimos recursos institucionales para este tipo de población.
En resumen, el modelo se ha degradado, y los profesionales se han desencantado hasta llegar a la emigración en busca de mejores oportunidades, y todo, como vemos desemboca en una pérdida de calidad, que solo se ha medido –si acaso-, desde la percepción ciudadana. Quieran los dioses que esta región despierte políticamente del letargo y de la inercia casi medieval ha que tradicionalmente ha estado sumida desde antiguo ya que tiene unos medios y unos profesionales envidiables