
Como colectivo principalmente de mujeres conocemos la importancia de la presencia de la mujer en el sistema sanitario, puesto que los datos objetivos demuestran que las mujeres utilizamos los servicios sanitarios con mayor asiduidad que los varones; no sólo acudimos más al médico, con finalidad preventiva o curativa (pacientes), sino que además estamos en mayor contacto con el sistema sanitario en su conjunto.La mujer es la cuidadora por excelencia de la salud de los miembros de su hogar.
Aporta casi el cien por cien de los cuidados paliativos del enfermo y asume un importante papel subsidiario del Sistema Sanitario Público, para completar e incluso sustituir parcialmente los cuidados que éste podría prestar al enfermo.
Los profundos cambios producidos en nuestra sociedad a lo largo de los últimos tiempos han propiciado que los usuarios se sientan más implicados respecto de los servicios que les prestan los profesionales sanitarios y los centros de salud, siendo más plenamente conscientes de sus derechos como pacientes y de las formas para ejercerlos.
Además de todo ello, el mayor acceso a la información de la que disfruta la sociedad hace que los ciudadanos cada vez sean más exigentes respecto de la calidad de los servicios que sufragan con sus impuestos. De esta manera, se obliga al sistema sanitario, bien sea autonómico o nacional a que la calidad sea una prioridad fundamental en sus objetivos y sus actuaciones.
No menos importante, es la habilitación de medidas que faciliten la expresión de las opiniones y sugerencias de los pacientes en relación con los servicios y con las prestaciones que se le ofrecen, con la finalidad de que puedan ser útiles en las futuras tomas de decisiones.
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