Tanto el Estado como la Iglesia están al servicio del ser humano. El ser humano tiene necesidades materiales y espirituales. Negar las unas o las otras es un atentado contra la dignidad humana y contra los derechos humanos. El Estado no tiene que ser confesional, pero tampoco puede atentar contra las confesiones religiosas, porque atentaría contra el ser humano.
Un Estado no tiene por qué ser confesional, pero la sociedad tiene una o unas confesiones religiosas que hay que reconocer y respetar.
El Gobierno actual parece haber perdido su misma identidad. Al no ofrecer unas alternativas válidas desde el punto de vista económico, pretende afirmarse atacando y humillando a la Iglesia, al tiempo que trata de demoler un sistema de valores humanos. No es extraño que el presidente afirmara en Baleares que pretende crear una sociedad sin normas y sin moral. Pero una sociedad amoral es una sociedad desmoralizada. Esas aventuras se saldan siempre con el dolor de muchas personas. Lo primero que tiene que evitar un Gobierno es la frivolidad.
Al servicio del ser humano
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