opinion cristina


La famosa frase de Pío Cabanillas (padre) “ya no sé si soy de los nuestros” revolotea por las mentes de insignes miembros del Partido Popular de Salamanca que se ven atrapados en un irrespirable lanzarotismo cada vez más ultra.

El desacuerdo con las decisiones del jefe, asumidas y vociferadas como propias sin el más mínimo rubor por los sin-oficio-ni-beneficio que amamanta, ha sido hasta ahora inconfesable públicamente por las consecuencias fulminantes que provoca la discrepancia o, simplemente, tolerado como mal menor por los buenos resultados electorales cosechados que, en el panorama político actual, parece que es suficiente.

Pero la falta de oxígeno democrático comienza a ahogar a los ‘populares' de buena voluntad y no están dispuestos a iniciar una nueva legislatura con el mismo alcaldable. El problema es que no se pueden permitir un escándalo que ahuyente a su electorado y, además, proyecte una imagen negativa de aquél que quieren ‘vender' como magnífico candidato a otro puesto, no importa mucho cual sea, siempre que deba ejercerse fuera de Salamanca.

Están dispuestos a hablar bien de él en público todo lo que haga falta, hacerle todos los homenajes que sean necesarios, adjudicarle como si hubiese sido obra suya todo lo que haya sido positivo de pasadas gestiones institucionales e, incluso, aceptar pulpo como animal de compañía con tal de poder devolver al partido a la normalidad democrática.

Por supuesto, el interfecto está que bufa y a pesar de haberse cuidado muy mucho de tener controlados a los disidentes de Salamanca y alejarlos de la sala de máquinas, para evitar los lodos que podrían venir de aquellos polvos, la espada de Damocles le caerá encima porque van a cortarle la cuerda desde Valladolid.

Afortunadamente, al final ganaremos todos y recuperaremos la ilusión con la vista puesta en que cunda el ejemplo y que otros, con menos méritos, sigan el ejemplo y escarmienten en cabeza ajena. Que así sea.

Sergio Arestizabal

Adiós Lanzarote