opinion ricardo fernández


Las hojas de la publicación ya tienen un color amarillento que denota el paso del tiempo. Varias veces he tenido la tentación de tirar estos papeles. “No sé porqué los guardo”, me preguntaba. Algunos escritos y soflamas episcopales a propósito de los desacuerdos de la jerarquía de la Iglesia española con algunas decisiones del Gobierno actual me hicieron volver sobre aquel escrito:

“En la sociedad actual la Iglesia no abarca a todos los hombres, ni puede pretender retenerlos bajo su autoridad por medios coactivos. La Iglesia no es originalmente una cuestión de autoridad, sino de libertad. No podrá encontrar su propia identidad mientras no renuncie a situaciones sociológicamente desmesuradas y no se restrinja cuantitativa y cualitativamente a su propia realidad”

En España ha dominado una situación de excesiva identificación entre la Iglesia y las realidades sociológicas... Hoy no tiene sentido pretender una coextensión entre sociedad e Iglesia, ni tiene sentido recurrir a las instituciones civiles para que impongan a la sociedad una vida cristiana... La Iglesia tiene que aprender a no ser impositiva. El sistema de nacionalcatolicismo lleva sin remedio al empobrecimiento religioso de la Iglesia y al autoritarismo político.

Entramos en una época de creciente libertad y pluralidad social... Para ello es preciso reconocer a la sociedad civil su plena autonomía respecto de sus propias cuestiones. Es urgente sentar las bases para que los problemas políticos o jurídicos que se puedan plantear dentro de poco entre nosotros no se quieran resolver en el campo de los ordenamientos civiles por procedimientos y mucho menos por imposiciones religiosas.

Deseamos una Iglesia que no pretenda imponerse al resto de la sociedad, ni quiera fortalecerse con privilegios sociales, sino que viva civil y políticamente en la misma condición que los demás ciudadanos y grupos sociales”.

Publicado en la revista Ecclesia con fecha 1 de junio de 1976. Firmaban el escrito: Ricardo Alberdi, Rafael Belda, Olegario González de Cardedal, Juan Martín Velasco, Antonio Palenzuela, Fernando Sebastián y José María Setién.

 

Ricardo Fernández

Veinticinco años después
Las relaciones Iglesia Estado