opinion cabero


Un debate sobre las relaciones entre el Estado y la Iglesia, o viceversa, debe estar bien centrado, so pena de no poder dialogar. En atención a la brevedad, iré paso a paso:

•  El Estado y la Iglesia se mueven en esferas distintas. El Estado, en la esfera del Estado, la Iglesia en la de la Sociedad, de modo que el debate de fondo es la relación entre la Sociedad y el Estado. Ya no están los tiempos para mezclar: ni cesaropapismo de algunos neoestatalistas ni mucho menos teocracia. ¡Dios nos libre de semejante cosa!

•  La esfera del Estado es la del poder. Poder legítimo en las democracias. En nuestra democracia, la Iglesia se ha separado del Estado, en la conciencia de los católicos más influyentes, empezando por la Conferencia Episcopal, mucho antes de la promulgación de la Constitución, que legaliza esa separación.

•  La Iglesia, como Sociedad que es, tiene todos los derechos democráticos: a pensar libremente, a manifestarlo públicamente, a reunirse cuando quiera, a organizarse libremente sin interferencias de ningún poder mediático, económico o político, a ser protagonista o participante de iniciativas culturales o educativas sin más límite que el orden público. Participando activamente en la democracia, la Iglesia trabaja por el bien común. Por esencia, debe hacerlo.

•  Y hablando del bien común, la Iglesia salmantina es un chollo para nuestra Sociedad. Dos ejemplos entre mil: el Centro de Acogida “Padre Damián”, que acoge a los sin techo, que son responsabilidad de todos, está financiado en un 37% por fondos públicos; La obra Social de Cajaduero el 14% y la Iglesia –Cáritas- paga el 56%, o sea 207.022,82 euros. Los pobres son de todos, pero el dinero de los bolsillos de la Iglesia. Una plaza de alumno en un Colegio de Iniciativa Social de la Iglesia le sale al Estado mucho más barata (50% más o menos) que en un Colegio de los llamados públicos.

•  Y ahora los dineros: la Iglesia, como otras muchas iniciativas sociales (partidos políticos, sindicatos, asociaciones, plataformas culturales, etc...) que trabajan por el bien común y el bienestar de todos o de una parte de la Sociedad, tiene derecho a ser respetada y protegida por el poder del Estado y tiene también derecho a ser apoyada con fondos públicos de los que el Estado (Gobierno, Junta, Diputación, Ayuntamientos) no es más que el administrador, no el dueño.

•  Autocrítica: la Iglesia no es perfecta. Por eso tiene tres medios para mejorar: el más importante es el examen de conciencia, la conversión y el Sacramento de la Penitencia. En segundo lugar, la actitud de escucha ante las críticas que le vienen “desde fuera”. En tercer lugar, el diálogo. Claro que, dos no dialogan si uno no quiere. Puedo asegurar, desde dentro, que la Iglesia sí quiere.

 

Antonio Matilla
Iglesia y Estado en el siglo XXI