opinion maría josé


He tratado, hasta el último minuto de escribir este artículo, de entender a la Iglesia como institución ante su postura contra el Gobierno del PSOE. Pero la noticia de que va a convocar a todos sus fieles a una manifestación en Madrid contra los socialistas me ha parecido tan desproporcionada que he optado por quedarme con lo mejor que tiene esta institución, que es la mayor parte de sus gentes, y rechazar a una entidad obsoleta, clasista, interesada social, política y económicamente y, desde luego, nada solidaria.

Insisto, hablo de la Iglesia como institución, porque ningún párroco de barrio, ni voluntario católico que esté trabajando contra la marginación, ni por supuesto misionero a pie de calle en los países en vías de desarrollo puede, de eso estoy segura, participar en esta manifestación para desprestigiar a un Gobierno elegido democráticamente por el pueblo y que, tanto con su anteproyecto de ley para que los homosexuales puedan casarse, como por su postura ante la asignatura de religión, no hacen más que cumplir un programa electoral que, le guste o no a la Iglesia, contó con el respaldo mayoritario de los españoles.

Soy creyente. He formado parte durante mis años adolescentes y de juventud de grupos de catequesis, donde por cierto había homosexuales. ¡Qué se le va a hacer!. Recuerdo vagamente como la Iglesia, y una vez más coincidiendo con las ideologías y partidos políticos más conservadores del país, se negaba en rotundo a la Ley del Divorcio y a la del Aborto. He conocido, y de eso doy fe, a mucha gente vinculada a la Iglesia que se ha divorciado, por no hablar de los famosos con dinero que de forma tan compresiva consiguen su respaldo en el Tribunal de La Rota, y nadie se ha rasgado las vestiduras.

La Iglesia, como institución vuelvo a insistir, tampoco apoyó las manifestaciones contra la guerra de Irak, y eso que el Papa había sido muy claro al respecto de esta terrible situación que sigue provocando sangre y muerte. Pero, me consta, que decenas de sacerdotes y voluntarios de Salamanca participaron en esas concentraciones por la paz.

Sin embargo, a nadie se le escapa que mucho más importante que una invasión injusta y miles de víctimas inocentes, es que los homosexuales se casen, ¡a dónde vamos a parar!. Es el fin del mundo, claro, pero el fin del mundo para los que utilizan la Palabra de Dios para dominar a un sector de la población que todavía no ha despertado de la doctrina, no de Dios, sino del caciquil poder de los altos estamentos eclesiásticos.

Que los colegios religiosos mantengan, si así lo quieren los padres que pagan por ello, sus actividades de Credo y muy señor mío y que, al resto de la sociedad, la Iglesia nos deje en paz. Porque pese a quien pese, al Gobierno del PSOE, que seguramente ya se ha ganado muchas críticas más que justificadas, no le han votado sólo los ateos.

María José Pintor

Que nos dejen en paz