opinion julia


Desde la llegada al poder del Gobierno presidido por J.L. Rodríguez Zapatero estamos asistiendo, yo al menos con perplejidad, a lo que algunos denominan "ruido de sotanas". No termino de ver a Zapatero como un anticlerical furibundo la verdad, se me hace difícil, quizá por lo del talante. Pero según la jerarquía católica lo es y de qué manera.

Estos días leo un gran número de artículos de los más prestigiosos columnistas sobre este tema, dan datos, recuerdan que en los presupuestos del 2005 se recogen las famosas cantidades "a cuenta" que, desde hace 20 años se le viene dando a la Iglesia. ¿Por qué? Pues porque de los supermegacatólicos españoles, sólo el 30% pone la famosa crucecita en la correspondiente casilla del I.R.P.F. ¿Para qué es ese dinero concreto, que el año próximo ascenderá a la suma de 11,78 millones de euros, aproximadamente unos 200 millones de pesetas al mes, o sea, unos 2.400 millones al año? Pues para pagar los sueldos de Obispos y sacerdotes.

Además está ese asunto terrible, hay que ver la manía que tiene este Gobierno con lo del cumplimiento del programa electoral. Dejan casarse a cualquiera, en vez de hacerlo como Dios manda, dan facilidades a los que se divorcian, están rodeados de mujeres a las que dejan mandar y que encima son ¡feministas! Un horror.

Dándole vueltas y, teniendo en cuenta sus cálculos, según los cuales el 90% de los españoles son católicos, yo no tendría tanto pánico a la autofinanciación. Si la sociedad sigue empeñándose en votar sin hacerles caso, les animaría que hiciesen como los ayatolás, que se convirtiesen en un partido político, y, además de seguir opinando en los púlpitos sin derecho a réplica, podrían recabar los votos de sus fieles para que España volviese a ser un Estado "católico, apostólico y romano". Nadie con sentido común se negaría a financiar los programas sociales que de forma excelente gestiona Cáritas, ni los que lleva a los confines del tercer mundo Manos Unidas, ni a colaborar en el mantenimiento de su Patrimonio (eso sí, colaborar, el resto que lo financien con las entradas que cobran y que paguen I.B.I. como todo el mundo). Pero claro, de ahí a pagar con mis impuestos el sueldo de los obispos que se alinearon con Irán en contra de los derechos humanos de las mujeres, o de párrocos como el que este verano afirmó en Salamanca que si los socialistas sacábamos la religión (católica por supuesto) de la escuela más valdría que empezásemos a quemar sacristías. Pues como que no.

Eso debe de ser, según él, sembrar fraternidad, paz, amor a los semejantes. Me niego a contribuir a que semejantes seres sigan viviendo de la parte impositiva que me corresponda. Como no se corte ese tema me voy a declarar "objetora fiscal". Que conste.

¿Imaginan lo que diría un empresario cualquiera de nuestro entorno al que le dijesen que, con parte de sus impuestos, iban a pagar los sueldos de los rabinos, imanes o pastores del país? ¡Si hombre! diría, que les financien "los suyos". Pues eso. Este es el SEGUNDO ARTICULO que escribo sobre el tema. El verano pasado, en una entrevista en el diario El País en su calidad de nueva Presidenta del Consejo Escolar Estatal, la prestigiosa pedagoga Marta Mata, se autodefinía como católica practicante. Desde esa óptica afirmaba que le resultaba ofensiva la posibilidad de que se pretendiera medir su fe como se midieron en su día sus conocimientos en Matemáticas. Se declaraba también partidaria de que las clases de religión se pudieran impartir en la escuela, sí, pero fuera del horario escolar, al finalizarla jornada, por ejemplo.

En estos días un grupo de teólogas y teólogos de talante progresista, insisten en recordar el Concilio Vaticano II y sus recomendaciones, y la figura de pobre entre los pobres, de Jesús de Nazaret, como algo completamente antitético con una jerarquía que aparece como amante del boato, de mantener privilegios, de ejercer un poder que ya no le corresponde y de mantener los sueldos de sus jerarcas y sacerdotes con el dinero de todos, católicos o no.

Puede entenderse, por edad, la nostalgia que algunos de esos representantes muestran de la época en que recibían "bajo palio" al dictador, aquella época en que todos los españoles sólo podíamos ser católicos "por decreto ley" .pero han pasado muchos años, la sociedad y los españoles hemos cambiado mucho. Aquella Iglesia de talante abierto, que colaboró activamente en la transición democrática, ha sido "barrida del mapa" por un Pontificado enormemente conservador cuyos nombramientos, en sintonía con el Vaticano, la han alejado de una gran parte de la sociedad, que se niega a financiar a sus representantes..nada menos que el 70% Nadie con sentido común se negaría a financiar los programas sociales que de forma excelente gestiona Cáritas, ni los que lleva a los confines del tercer mundo Manos Unidas, ni a colaborar en el mantenimiento de su Patrimonio (eso sí, colaborar, el resto que lo financien con las entradas que cobran y que paguen I.B.I. como todo el mundo). Pero claro, de ahí a pagar con mis impuestos el sueldo de los obispos que se alinearon con Irán en contra de los derechos humanos de las mujeres, o de párrocos como el que este verano afirmó en Salamanca que si los socialistas sacábamos la religión (católica por supuesto) de la escuela más valdría que empezásemos a quemar sacristías. Pues como que no. Eso debe de ser, según él, sembrar fraternidad, paz, amor a los semejantes. Me niego a contribuir a que semejantes seres sigan viviendo de la parte impositiva que me corresponda. Como no se corte ese tema me voy a declarar "objetora fiscal". Que conste ¿Imaginan lo que diría un empresario cualquiera de nuestro entorno al que le dijesen que, con parte de sus impuestos, iban a pagar los sueldos de los rabinos, imanes o pastores del país? ¡Sí hombre! diría, que les financien "los suyos". Pues eso.

Julia Pareja

Las ¿nuevas? relaciones Iglesia-Estado