
Mucho ha cambiado la gente de esta España nuestra desde que era el “baluarte” espiritual y religioso de Occidente hasta la sociedad laica y urbana que hoy conforma nuestra mentalidad, costumbres y actitud ante la vida. No ha sido un proceso corto, sino que se remonta a los años sesenta del siglo pasado, cuando comenzó el éxodo rural y la iglesia dejó de ser combativa y militante tras el Vaticano II. La Democracia ha dado carta de naturaleza a estas aspiraciones sociales formulando una amplia declaración de derechos laicos que el Gobierno tiene la obligación de desarrollar y velar por su cumplimiento.
Frente a esta situación nos encontramos, tras el triunfo del PSOE de Zapatero apenas hace 6 meses, con una Iglesia que desea perpetuar unos privilegios que chocan con el sentido común democrático y una intransigencia que está muy alejada de los deseos de libertad e igualdad de nuestra sociedad. Vayamos por partes.
Los privilegios económicos responden a una ambición excesiva y al deseo de ser diferentes frente al principio de igualdad ante la Ley. Así, en lugar de autofinanciación, aprovechando la Declaración de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) (para sí la quisieran otras organizaciones religiosas o laicas) recibe de las arcas públicas suplementos añadidos, porque, esta sociedad que es católica en el 90% según los obispos, sólo rellena la casilla de la declaración un 30%. Por otro lado, la iglesia y los eclesiásticos están exentos del pago de impuestos; ¿por qué no los taxistas, agricultores, médicos o trabajadores en general? ¿Su labor tiene menos interés social?. Paradoja mayor nos produce que los profesores de religión católica en los centros educativos pagados con fondos públicos sean contratados y despedidos por la Iglesia, muchas veces en contra del Estatuto de los Trabajadores, y que seamos los paganos todos los españoles a través del Estado.
El conflicto ideológico que intentaremos someramente analizar, en sus aspectos más llamativos desde el punto de vista social, tiene su origen en el conflicto económico. ¿Cómo sino se explica que durante los ocho años de gobierno del PP con el Sr. Aznar, un partido que en su orientación ideológica se define como cristiano, la Iglesia no exigiera que se arremetiera contra el divorcio o contra el aborto, fueran los supuestos que fueran?.
Ningún fundamento tiene que la Iglesia se oponga a la agilización del divorcio cuando más del 70% de los españoles, según las últimas encuestas publicadas, lo desean y, en muchos casos, el retraso es causa de la violencia de género que padecen muchas mujeres.
Los matrimonios homosexuales se encuentran en la base de la igualdad social. En algunos casos, comentaristas próximos a la Iglesia Institucional no reconocen la Ley Civil del matrimonio y sólo dan valor al eclesiástico. ¿Acaso los homosexuales luchan por el sacramento matrimonial? Es curioso que en esta sociedad católica según los obispos en un 90%, apoyen esta Ley más del 60% de los ciudadanos.
La última causa del choque ideológico tiene su origen en la enseñanza religiosa en la escuela. La Iglesia exige no solo que se imparta esta materia, sino que forme parte del expediente académico del alumno y que exista una asignatura alternativa que en muchos casos es una pérdida de tiempo y una frustración para muchos alumnos y alumnas. La propuesta del gobierno Zapatero y de su Ministra de Educación, coincidiendo también con la mayoría de la opinión pública, es mantener la asignatura sin formar parte del expediente académico y que los alumnos individualmente puedan renunciar a la alternativa.
La Iglesia, en lugar de esta batalla contra la mayoría democrática, debería ser un ejemplo de vida; defendiendo sus intereses pero respetando el principio de igualdad y aspiraciones sociales que buscan la armonía para todos los individuos.
El Estado-laico- debe ser neutral con el hecho religioso y, si busca el buen gobierno, procurar que los afanes individuales no se frustren por prejuicios históricos e hipócritas. La libertad y la igualdad no forman parte, solo, de los grandes principios democráticos, sino que tienen que ser la práctica de una sociedad que inicia el Siglo XXI.
Iglesia: Ejemplo de Vida. Estado: Laico
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