opinion Toni
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Es una gran satisfacción ver que, poco a poco, algunas de las injusticias de la Guerra Civil se van corrigiendo. Por el momento vemos que los grupos de más tradición democrática van unificando criterios y todo el mundo parece ponerse de acuerdo que en un mundo democrático no se pueden tolerar ni los monumentos ecuestres de Franco, ni la prolongación sutil de los castigos a sus víctimas, ni los expolios de documentos vestidos de fenómeno archivístico. Es por todo esto que resulta especialmente angustiante ver que un grupo político castellano -Tierra Comunera, por más señas– se esté prestando a un gesto tan equívoco como el hecho de manifestarse ante el Museo Marés de Barcelona, acción a la que, evidentemente, tiene todo el derecho del mundo. Por el momento en que se produce, y por las explicaciones que hemos podido oir al respecto, resulta que este grupo pretende equiparar la presencia de piezas castellanas en el mencionado Museo con la reclamación de los documentos todavía retenidos en el AGGCE en Salamanca. En vista de ello, uno no puede menos que chocar con la flagrante contradicción creada por un grupo denominado "Tierra Comunera". Si de algo estoy seguro es del hecho que los comuneros, Padilla, Bravo y Maldonado, con el espíritu de justicia que los caracterizaba, nunca hubieran caído en el error de equiparar piedras legalmente facturadas y compradas, con documentos robados por un dictador con el único fin de reprimir. Las crónicas de la época de los comuneros hablan de los expolios que padecieron sus familiares tras su cruel ejecución en Villalar. Estoy seguro que los miembros de Tierra Comunera, desplazados a Barcelona, no pueden ser insensibles a ello. Lo que hace falta preguntarles, con toda educación, es ¿por qué no son sensibles también a los expolios que padecieron instituciones, entidades y particulares, en circunstancias parecidas, en la Guerra Civil?, y ¿por qué no lo son a la necesidad de corregir ese robo? Ante la rocambolesca comparación, viene a la cabeza lo que hace pocas semanas dijo un conocido historiador sobre el caso: “ si los dos máximos argumentos de los defensores de la retención son a) “el derecho de conquista”; y b) el comportamiento del Sr. Marés, todos los que estamos a favor del retorno podemos dormir tranquilos”. Esto sí –añadiría yo en referencia al primero– siempre que se pueda dormir tranquilo con argumentos que inicialmente salieron de la garganta de un colaborador de Goebbels. Por el momento hace falta hacer votos porque la soledad y la intransigencia de un PP, que tantas veces se ha negado a condenar el franquismo, se vuelva a materializar en la arena política. También hace falta esperar –tal y como se pudo ver el pasado 23 de abril en Villalar– que cada día haya menos castellanos que mezclen churras con merinas en este tema. Los verdaderos comuneros estoy seguro que no las mezclarían.

Toni Strubell i Trueta

Comuneros y expolio