


Pretender que una ciudad crezca a golpe de celebraciones es una señal endémica de la decadencia y del abandono que padece Salamanca, particularmente los barrios periféricos en donde se concentra el mayor número de vecinos. Para encubrir esta realidad los responsables municipales promueven fastos, eventos, aniversarios, lo que sea para acallar protestas y también para rellenar la agenda de los políticos.
Recordemos el año 1998, ya hacía tiempo que se oían voces de alarma por el destrozo sistemático del Patrimonio de la ciudad. Por lo visto, un organizado clan compuesto por concejales, prelados, constructores y órdenes religiosas estaba haciendo el agosto inmobiliario destruyendo impunemente el Patrimonio Histórico y Natural de Salamanca. De repente, el clan se entera que en diciembre del 98 Salamanca cumplía el décimo aniversario de la denominación de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Con celeridad el clan improvisa el aniversario y suenan las copas de champán que sirvieron para encubrir las procelosas Modificaciones puntuales al PGOU y al PEPRI, incumpliendo el Ayuntamiento los compromisos que el Estado español había adquirido con la UNESCO en la Convención de París.
En el 2002 Salamanca celebró un superevento: la Capitalidad Cultural. Éste fue un ruinoso evento que aún colea y que nos está deparando subidas de impuestos y estrecheces dotacionales para la mejora en las infraestructuras de la periferia de la ciudad. Las calles de algunos barrios se anegan con reventones de tuberías y precisamente durante ese verano, el olor nauseabundo en algunas zonas se hacía insoportable por el incontrolado vertedero de Villamayor que ya ha cumplido con creces su edad de jubilación. A toro pasado, creo que el principal objetivo del 2002 no fue el poner las bases para el futuro de una ciudad dinámica, abierta, cosmopolita, sino el adormecer a la ciudadanía para que la droga del evento seudocultural perdurase hasta entrado el 2003. El mensaje estaba claro, había que festejar algo para seguir gobernando la ciudad como si fuera un cortijo en la siguiente legislatura y como brutal ejemplo de ese evento recuerdo cómo se batió el gigante Almado, el Depósito de Agua de Campoamor, pero mientras tanto, Salamanca celebraba su pomposa Capitalidad de la Cultura y recibía a bombo y platillo visitas periódicas de los moradores de la Zarzuela. Sin duda, el 2002 fue un gran negocio para unos pocos, pero la ciudad perdió una vez más, la oportunidad de ser una ciudad que retiene a sus jóvenes porque les ofrece trabajo en vez de obligarles a emigrar.
Y dale que dale, por tercera vez seguimos el juego de la oca, de evento en evento y tiro por que me toca y ya estamos en la tercera legislatura y tocaba desempolvar fechas y surge el 2005 " X aniversario de la Plaza Mayor" y de nuevo ya tenemos el somnífero humano y mucha tinta mediática para rematar el deficiente y simplón calendario de los políticos. En el proceso de preparación al evento/2005 nada se aprendió de la lección del 2002, el primer fallo fue el nombramiento del comisario a dígito que recayó en el Sr. Alberto Estella, por lo visto existía una deuda pendiente con el irreverente y mal intencionado excolumnista de La Gaceta y había que premiarle con pasta y poder los servicios prestados, pues de otra manera no se entiende cómo en la ciudad o región no hubiera más personas cualificadas y mejor aggiornate para ese cometido que el retrógado vocero.
He hojeado las actividades del 2005 a través del libro que denomino PROGRAMA RECOGEDOR y en líneas generales ha logrado reunir, barrer algunas de las actividades culturales del año en curso. No está mal, pero haciendo un análisis más detallado del programa echo en falta cuestiones, debates relevantes sobre medidas para preservar, mejorar y corregir el pasado, presente para recuperar en el futuro la IDENTIDAD E INTEGRIDAD del monumento más amado por los salmantinos. En el libro/programa sobran fotos/reclamo y su estilo es mediocre, carece de modernidad y no tiene lenguaje propio.
¿Cómo no se ha programado un Congreso Internacional sobre las Plazas Europeas? ¿Por qué no se ha tenido en cuenta en la preparación del evento los representantes de todas las Asociaciones salmantinas?¿Por qué no se aprovecha este evento para dotar a la Plaza Mayor de la categoría de Protección Integral, pues cada año vemos y sufrimos su ablación y paradoja, hasta en el 2005 la Plaza está perdiendo algo de sí misma, ¿Qué nos quedará dentro de 25 años, SU FACHADISMO?
¿Por qué no se protege a la Plaza con medidas muy severas de la usura urbanística? Vemos cómo sigue implacable el destrozo de sus perfiles con áticos, con contenedores de ascensores, con agresivas chimeneas, con sobrealturas, con velux mastodónticos y con tejados impúdicos que rompen la línea entre el cielo y la Plaza. Con normas y leyes estrictas volvamos a recuperar para la Plaza sus antiguas dimensiones de tejados y también los discretos tragaluces de los desvanes.
¿Por qué no se aplica en este bienvenido 2005, la Resolución aprobada por la Comisión de Administraciones Públicas del Congreso en noviembre de 2004 de retirar los símbolos franquistas? Sería muy loable depositar el medallón de F. F. en un museo.
¿Por qué no se ha planificado para esta ocasión el ocultar el cableado y las ofensivas antenas que mortifican la belleza de la Plaza? Debería de frenarse tanta cirugía estética al monumento más emblemático y sugerente de Salamanca, da mucha tristeza ver y padecer cómo se transforma su fisonomía e integridad de modo casi irreversible. Estas operaciones me recuerdan el desastre facial de algunas personas del mundo de la prensa rosa. Respetemos el pasado de nuestra Plaza Mayor, ¿qué vamos a legar del monumento a las generaciones futuras? A la Plaza se la está convirtiendo en una maqueta llena de cicatrices, sin expresión, irreconocible y sólo las fieles fotos de antaño serán las que nos den una imagen real de lo que fue nuestra incomparable Plaza Mayor.
A golpe de celebraciones