opinion saralegui
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Pequeñas pinceladas estas de un forastero cuyo único afán es alabar, todavía más si cabe, la magnificencia de la antigua Helmantica. Forastero de hecho, que no de sentimiento. Perdóneseme el atrevimiento en estos tan importantes días para vuestra -nuestra- maravillosa ciudad. Pero sea por mi devoción hacia ella, o véte a saber, por insondables misterios de la genética, no puedo resistirme a dejar unas pocas letras de admiración.

- ¿Qué, abuela? Sí, no me olvido. Ya recuerdo que naciste en la añeja Plazuela de San Julián. Pero también te gustará que recordemos el lugar por el que tantas y tantas veces tuviste la oportunidad de disfrutar: la Plaza Mayor.

Sí, hace ya 250 años que embelesa a todo aquel que tiene la suerte de recogerse entre sus Pabellones: el Real, el de San Martín, Petrineros, el del Ayuntamiento..., qué armonía, qué milagrosa tonalidad en sus edificios a la luz del atardecer. Imagínate, en lo que se ha convertido aquella vieja Plaza del San Martín del Mercado: el símbolo y centro de gravedad del universo cultural español. ¿Te paraste a pensar en algún momento cuánto debemos a aquellos insignes maestros, los Churriguera y García de Quiñones, por habernos legado semejante monumento? ¿Quién se acuerda ahora de aquel Grajal, y otros nobles como él, que tantos obstáculos presentaron para la definitiva coronación del proyecto? Entres por donde entres -escalerilla de Pinto, la del Ochavo, puerta del Toro, Concejo, el Corrillo, Zamora...-, lo que a la vista va asomando es un conjunto asombroso de arquitectura y vitalidad, puro arte. Tienes la sensación de respirar historia y cultura.

¿Tenías tú, abuela, algún acceso preferido? Seguro que cuando vivíais en la Rúa Mayor entrabas por la Iglesia de San Martín, sí, aquella en la que se casaron tus padres. Seguro que los Gombau retrataron aquel momento con la Plaza de testigo mudo del acontecimiento. Y no te creas que me olvido de las correrías que te traerías con el abuelo por esos soportales en cuanto salía de la Universidad. Seguro que lo último que pensaba era pasarse por el Novelty y ver de nuevo a "don Miguel". Qué tiempos debieron ser aquellos.

Y dichosos nosotros que hemos tenido la suerte de pasear y admirar ese incomparable lugar. ¿Qué hubieran dicho de ese auténtico corazón de Salamanca personas que son auténtica Historia viva de la ciudad? Pienso en Fray Luis, en Salinas, Cervantes, Calderón, Santa Teresa...

- ¿Qué haces, papá?

Mi hija, Paula, de apenas 5 años, acaba de devolverme a la realidad. Una realidad que se encuentra a casi mil kilómetros de mis pensamientos.

- Nada, cariño. Plasmar en el papel unas pobres ideas y recuerdos sobre la Plaza Mayor de Salamanca.

- ¿Salamanca? ¿Y dónde está Salamanca?

- Está un poco lejos -contesto-, aunque no lo suficiente como para no ir de vez en cuando a pasar unos días.

- Yo quiero ir. ¿Cuándo iremos, papá?

- Pronto, hija, muy pronto.

¿Has oído, abuela? La pequeña Paula correteando por entre los pilares y soportales de la Plaza Mayor cien años después de que tú lo hicieras, aunque eso sí, en aquellos años tendrías que ir sorteando el templete, arbustos y coches de caballos, y ahora, lo único con lo que puedes tropezar son terrazas, camareros y turistas despistados.

Hasta pronto.


José Luis de Saralegui Rodrigo

Desde la distancia, a la Plaza Mayor