


Estoy verdaderamente impresionado por los atentados ocurridos en Londres. La injusticia de las muertes y de las heridas del alma y del cuerpo, la serenidad de los dirigentes y del pueblo, la eficacia de las fuerzas del orden y los servicios secretos. Pero hay unos cuantos detalles que me sacuden y me entristecen especialmente: eran suicidas y, salvo uno, estaban apenas salidos de la adolescencia.
Tengo para mi desde hace mucho tiempo, que las grandes líneas de la vida quedan marcadas ya en la adolescencia; eso que antes se llamaba el sentido, los grandes principios orientadores de la vida personal ya están presentes al final de la adolescencia.
Por lo que dice la prensa, estos adolescentes suicidas de Inglaterra lo tenían todo: familia, amigos, estudios de alto nivel, coches mercedes en el garaje, dinero, bienestar. O tal vez les faltaba algo: un anhelo de eternidad, una puerta abierta a la inmortalidad y a la trascendencia.
Salgo de mi melancólica meditación para preguntarle a una amiga religiosa Esclava del Sagrado Corazón que trabaja en un barrio marginal cerca de París, si hay conversiones de jóvenes cristianos al Islam y me dice que en su barrio sí, aunque también se da el mismo fenómeno en la dirección opuesta. Pero lo que a mi me interesa es ¿qué lleva a algunos jóvenes europeos a convertirse al Islam o a ser militantes islamistas? Tal vez huir de la droga en un barrio de París, recuperar un orgullo nacional o étnico perdido en Granada, encontrar sentido en medio de la nada que es la “oferta total” de Occidente en los barrios de Beeston y Burley en Leeds.
¿Y dónde está el sentido de la vida para nuestros jóvenes y adolescentes salmantinos? ¿Quizá en las marcas o en estar guapos? ¿En un buen puesto de funcionario tras una carrera cortita? ¿En disfrutar a tope aquí y ahora, que mañana ya veremos y la vida dicen que es corta, aunque yo no me lo creo? ¿En el servicio altruista a la Humanidad? ¿Y quién es esa señora? ¿En salvar el ecosistema ribereño del Tormes? ¿En la nada, porque a fin de cuentas, según dicen en la tele, nada es más importante que nada?
Hombre, algunos están empeñados, como recuerda Tom Hanks en “Philadelphia” cuando hace consciente a Antonio Banderas del sentido de su cercana muerte, mientras se emociona tarareando un aria de Verdi enganchado al gotero: He bajado del Cielo a la Tierra para hacer de la tierra un cielo, porque Yo soy la Vida , soy el Amor, soy el Amor. Quiero decir, películas aparte, que hay jóvenes salmantinos que se han encontrado personalmente con Jesucristo y eso está dando sentido a sus vidas: rezan, disfrutan, aman, acompañan a drogodependientes, comparten sus vacaciones con la Iglesia de Dios en el Paraguay, pero de eso, querido lector, escribiremos otro día.
Adolescentes ingleses suicidas
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