


Aunque no soy experta en refranes, creo que ahora más que nunca nos viene al pelo la frase “los árboles no dejan ver el bosque”. Con tanta manifestación, multitudinaria eso hay que reconocerlo diga lo que diga la Delegación del Gobierno de turno, y la que se lió en Salamanca con la concentración por la unidad del Archivo, da la sensación, a juzgar por lo que recogen los medios de comunicación y lo que se habla en las tertulias, que Salamanca no tiene más problemas que el de los dichosos legajos.
Y ese es el error de casi todos y el gran triunfo de algunos: Con tanta campaña contra Carod Rovira, que me cae fatal por si alguien luego quiere tergiversar mis palabras, que si la unidad de España y matrimonios gays sí o no, lo cierto es que por aquí seguimos circulando a Madrid por carretera nacional, muchos de nuestros pueblos van a tener que utilizar este verano para el abastecimiento de agua los camiones cisterna, seguimos con el peligro de que se tenga que cerrar un museo como el de la Casa Lis, y el problema de las basuras en nuestra provincia huele ya fatal. Eso por no hablar de la caída de la población, de su envejecimiento y de que habría que hacer una fiesta por cada joven que se queda, porque no hay opciones para el futuro.
Algunos de estos problemas sí que eran motivo de manifestación, pero estos temas no están de moda, ¡otra vez será!.
Mientras, desde algún despacho institucional, como ya se puso de moda con los anónimos de la Casa Lis, se ha elaborado un dossier con recortes de prensa de lo que decían algunas autoridades, del PSOE claro, hace 10 años y lo que dicen ahora con lo del archivo. Parece que en ese dossier, aparece algunos de los artículos de opinión que publiqué en La Gaceta cuando surgió la polémica del Archivo y en ellos animo a los salmantinos a salir a la calle y a defender lo suyo.
Es verdad. He cambiado de opinión. Me dejé llevar por la euforia colectiva, me parecía estupendo que, por fin, en una ciudad dormida, los salmantinos salieran a la calle para reivindicar algo y, sobre todo, me creí que entonces nuestros políticos: Jesús Málaga y Julián Lanzarote, y todos los demás que les acompañaban tras la pancarta, convocaban esa manifestación por una causa noble.
Una década después, por desgracia soy mucho más mayor, conozco mejor lo que hay y como se creó el Archivo de la Guerra Civil y, sobre todo, me consta que tras el interés de movilizar a la población no hay unos políticos preocupados por su tierra, sino por ganar elecciones, por no perder poder y por seguir en su cargo.
Por eso he cambiado de opinión con respecto al tema del archivo, por eso y porque tengo derecho a hacerlo, como a variar mi sentido del voto de unas elecciones a otras, e incluso a equivocarme si me da la gana.
Porque lo que sí puedo decir muy claro es que ni gané nada entonces por apoyar la manifestación, ni ,desde luego más bien todo lo contrario, he ganado nada ahora no haciéndolo.
Y que le quede claro a quien corresponda, los legajos son el último de los problemas que tiene Salamanca, aunque yo opinara distinto hace diez años. Más que nada por si lo quieren añadir a su dossier.
Cambiar de opinión
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