opinion maría josé
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Juan Pablo II era, casi con toda seguridad, la única persona del mundo que podía restar protagonismo a los VIP de Salamanca y, la verdad, es que así fue. No tienen nuestras autoridades institucionales: los cargos a dedo, los amigos de los que mandan y sus primos, y, a los que sí me dirijo con sumo respeto: representantes de asociaciones sindicales, sociales, sanitarias y vecinales, además de las entidades financieras, demasiadas ocasiones de lucir en público el palmito y, mira por donde, la inauguración de “Salamanca Plaza Mayor de Europa” daba a todos, y sobre todo a algunos, esta oportunidad.

Y, casualidades de la vida, porque de lo que sí estoy segura es de que Dios no acude a estas fiestas, el final de la terrible agonía del Papa estuvo a punto de acabar con la inauguración de los yuppies, aunque vistos de cerca no sean para tanto. La vida les dio que el “sarao” comenzó a las ocho y Juan Pablo II no dejó este mundo con el que tan intensamente estaba implicado hasta las 9.27 de la noche. Así que no se suspendió el concierto de la Royal Philarmonic Orchestra de Londres, que seguro que fue una maravilla, aunque la mayor parte de nuestros representantes públicos se aburrieron y deseando estaban –que lo sé de buena tinta- que comenzara de verdad el acto social con canapés y esas cosas.

Otra cuestión fue el eco que la noticia tuvo al día siguiente en la prensa. Hombre, ahí el Papa sí que ocupó todas las portadas y, desde luego, restó paginación al evento salmantino que, con tanto especial sobre Juan Pablo II, pasó desapercibido entre los medios de comunicación de ámbito nacional.

Ahora nos quedan seis meses de actos culturales, algunos de ellos de notable calidad, a los que por primera vez en nuestra historia de celebraciones culturales sí va a tener acceso el gran público, es decir, todos nosotros.

A buen seguro que alguna fiestecilla más se darán los VIP. A consta del contribuyente, claro. Lo más curioso en esta ocasión es que los que no se sienten del todo orgullosos de pertenecer a este numeroso grupo –1.200 entraron el otro día en el CAEM- fueron obligados a asistir porque no podía quedar ningún hueco libre. Y claro, es que aunque en público nuestros mandatarios muestran su desprecio por los representantes de las asociaciones, entidades y partidos políticos que participan en la Plataforma contra el Parking de Los Bandos, lo cierto es que algo sí les preocupaba que algunos, con cierta dignidad, se negaran a acudir al evento.

El pistoletazo de salida, aunque con ministro pero sin demasiado glamour, ya está dado. Ahora nos toca a los demás disfrutar lo más posible de los actos programados. Pagaremos por ellos, pero al menos disfrutaremos de verdad del espectáculo. Otra cosa es.

 

María José Pintor

Los VIP y el Papa