opinion perfecto
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Los calores de un verano adelantado al calendario suelen traer bajadas de tensión, apaciguamientos corporales y mentes puestas en piscinas, costas u otros, cada vez más variopintos, destinos vacacionales. Pero este caluroso junio de 2005 ha servido para cambiar el itinerario que seguían tradicionalmente los ciudadanos en un fin de semana: de los centros comerciales con aire acondicionado se ha pasado al caliente asfalto madrileño de las horas vespertinas. ¿Masoquismo?, ¿penitencia por haber pecado? No. Mero imperativo moral y ganas de dejar de ser los buenos de la película. Y en este país todos sabemos con qué cualidad se suele confundir, y hasta identificar, el calificativo bueno.

La sociedad más liberalconservadora, de ideas claras y fidelidad inmutable a sus principios, pero de tradicional miedo cuando se trata de reconocerse como tal (recordar los batacazos de las encuestas electorales al uso en las Europeas e incluso en las Gallegas' 05: no fue tan fiero el león como lo pintaban) ha descubierto que la calle es tan de ella como de la izquierda más vocinglera y militante. Ha caido el mito por el que los conservadores veían en el adoquín, no el cofre que envolvía la playa de existencialistas y demodés gauchedivinistas, sino un muro tras el que sólo podían intuir un Edén del que habían sido expulsados por una ignota suerte de pecado original: no ser de izquierdas. Si algo ha sido positivo en este junio horribilis de ZP, ha sido el cambio en las reglas del juego.

Ahora la izquierda sabe que su cortijo no sólo sirve a los demás para desplazarse de un lado a otro; sirve también para proclamar alto y claro, sin estúpidos complejos que maniatan a quien los sufre, que las ideas de uno son, como mínimo, igual de respetables que las de los demás si se expresan con educación. Y a eso, a respeto y educación, no la gana nadie a esta parte de la sociedad que se ha despertado. Donde caminan hombres y mujeres, ancianos y niños (sic),  enfermos y sanos, sin generar conflicto alguno, tiene que haber respeto y saber estar. Aquí, al menos, nadie ha sido detenido por robar jamones al asalto en un gran centro comercial de la Plaza de Cataluña barcelonesa (recordar ciertas manifestaciones en contra de la guerra de Irak hace 2 años) ni la sede de ningún partido ha sido sitiada, atacada o incluso quemada (quien tenga memoria que recuerde).Nobleza obliga.

 

Luis Alberto Merchán

Nobleza obliga