


Cuando todavía nos duraba la resaca del famoso 2002 nos anunciaron la organización de nuevos fastos, poniendo como excusa el 250 aniversario de la Plaza Mayor. A los ciudadanos de a pie nos parece bien que la ciudad se muestre viva, que las actividades llenen los “contenedores culturales” que nos han tocado en suerte y que Salamanca sepa rentabilizar sus activos (historia, universidad, arte…) para poder avanzar económica y socialmente.
El programa diseñado por Alberto Estella ha sido alabado por especialistas en la materia aunque, a mi modesto entender, falta originalidad, apuesta por los jóvenes y por las nuevas tendencias culturales y sobra música clásica, congresos de medio pelo y obras de teatro representadas hasta la saciedad. Puede ser que responda al gusto de los salmantinos de rancio abolengo, de los que tienen tiempo y dinero para ir cada semana al Liceo o al CAEM sin que su presupuesto se resienta. Me cuesta creer, sin embargo, que en una ciudad universitaria como la nuestra sea imposible diseñar un programa que atraiga a una parte de los 35.000 estudiantes de todo el mundo que sustentan la economía salmantina y que están dispuestos a participar en actividades que les resulten interesantes.
Salamanca no puede avanzar a golpe de aniversarios, debe poner sobre la mesa una planificación anual basada en criterios profesionales y con objetivos a medio y largo plazo. Ningún proyecto funciona con la improvisación como bandera. ¿Qué vendrá después de este 2005? ¿Tendremos que esperar hasta el 2018 para volver a contar con un programa cultural de calidad? Son preguntas que siguen inquietándonos a la plebe.
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