
Se equivocan quienes piensen que ya pasó todo. El cambio no ha hecho más que empezar, me refiero al que se inició un fatídico 11-M. Desde esa fecha ya nada es igual. Ha empezado una nueva etapa histórica de la que apenas sabemos nada, y tendremos que darnos prisa en aprender la lección.
Sugiero acercarnos a tres conciudadanos nuestros, maestros en el difícil arte de la convivencia humana, por si nos pueden orientar. Ellos también se enfrentaron a situaciones históricas y sus lecciones todavía mantienen su validez. Juguemos a preguntar, ante las estatuas de Francisco de Vitoria, fray Luis de León y Miguel de Unamuno, “Maestros, ¿qué debemos hacer? ¿Por dónde caminar?”.
Francisco de Vitoria, defensor de los que no tenían voz ni contaban en los planes de las naciones, nos recuerda que “El hombre fue creado en libertad”. Por derecho natural los hombres son libres. La libertad es más útil que cualquier otro bien privado. Por derecho natural nadie es superior a otros”. Resonaban en las aulas salmantinas, los fundamentos del derecho de gentes que cristalizaría siglos más tarde en los derechos humanos. Por eso cuando el 8 de enero de 1918 el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson creaba la Sociedad de Naciones, paso previo para la formación de la ONU, respondía a quienes lo felicitaban por tan feliz idea. “En realidad no es mérito mío.Ya había sido propuesto por un famoso teólogo español que enseñó en Salamanca en el siglo XVI y que se llamó Francisco de Vitoria”. Hoy como entonces, el orden internacional está en crisis por las desigualdades.
En el centro del Patio de Escuelas, la estatua de fray Luis de León es una lección de tolerancia, “con su eterno gesto de apaciguamiento, es algo que habla al alma de lo eterno y permanente”, decía Unamuno. Hoy fray Luis dicta una lección que lleva por título: “El arte de avecinar”. Hermosa palabra que a punto está de perder su significado porque son más los que se empeñan en separarnos y dividirnos en buenos y malos, conmigo o contra mí, que quienes practican el arte del buen vecino. “Entre los hombres, los que gobernaron bien, siempre procuraron, cuanto pudieron, avecinar”, y fray Luis se extiende en ejemplos de ayer y de hoy, para demostrar que sólo así “el alma se serena”.
Miguel de Unamuno, a punto está de iniciar uno de sus paseos por la ciudad. Así lo ha inmortalizado el escultor en su rincón preferido de las Úrsulas. Dicen que paseaba para pensar , y para escuchar. “Y si los hombres pasan y quedan, estas piedras de Salamanca quedarán diciéndole a la Naturaleza que hubo Humanidad, hubo civilidad, hubo pensamiento; quedarán hablándole de plan, y de orden, y de proporción al Universo”. Con lo que no se razona, ni se progresa es con guerras y violencia. “Venceréis, pero no convenceréis, porque os falta la razón”, es una de las últimas lecciones que nos dictó mientras vivía. ¿Volveremos a escuchar a Unamuno hablando de orden, de civilidad, de pensamiento?
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