
La festividad por excelencia de la democracia son los días electorales para los que nos preparamos durante la campaña previa y disfrutamos con la participación mediante el voto. En España este día festivo, el 14 M, ha estado precedido, sin embargo, por el dolor ocasionado por el terrorismo fanático que responde a la dictadura del miedo y que ha intentado quebrar la seguridad, la libertad y la alegría cívica. Recordando un grito no muy lejano, todos tendremos que decir: ¡NUNCA MÁS!.
Las elecciones del 14 M también ofrecen otros perfiles que es necesario analizar. Han sido históricas por varias razones. Por primera vez en España, un líder, José Luis Rodríguez Zapatero, gana las elecciones la primera vez que se presenta y contra pronóstico, aunque su fe en el triunfo le acompañó durante toda la campaña y ya venía precedida de los resultados de las municipales del 25 de mayo, que supusieron el primer triunfo del PSOE después de 10 años.
Asimismo ZP, un hombre tranquilo, convencido de defender una “España plural, democrática y social”, ha sabido conectar con el afán de cambio de los ciudadanos, hartos de los excesos y prepotencia del PP.
También han sido históricas porque el PP ha pasado de la mayoría absoluta a la oposición. Las mentiras de Estado, como las han calificado alguna prensa europea, (actitud ante el Prestige, la Huelga General, la guerra de Irak, el Yak 42….), eludiendo toda responsabilidad ante los problemas, han conseguido que los ciudadanos acabaran dándole la espalda. El hecho más grave padecido por España tras la Guerra Civil, el atentado terrorista del 11 M, no lo afrontó Aznar con la valentía política necesaria: ni convocó a la Permanente del Congreso, ni dio una información veraz y rápida como exigía la opinión pública. En su afán de eludir responsabilidades políticas todo lo dejó en manos del Ministro Acebes, que iba a remolque de los medios de comunicación. Sólo un grito de silencio unió a todos los manifestantes el viernes día 12 de marzo: ¿Quién y Porqué?, ¿Qué podemos decir de la Ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, dando instrucciones a nuestros embajadores de todo el mundo para que sostuviera la autoría de ETA y que forzó la primera resolución errónea en la historia del Consejo de Seguridad de la ONU, condenando a ETA?.
No conviene dejar al margen la campaña del PP. Su candidato, Mariano Rajoy, ha carecido de entidad política propia. Su proclamación como candidato nace de la voluntad y el dedazo de Aznar, no de la democracia interna de su partido y, a lo largo de la campaña, lo ha acompañado como una sombra de mal agüero. Desde mi punto de vista tres han sido los pilares de la campaña:
1.- La bonanza económica que se ha producido en España durante estos años; pero nunca han tenido la gallardía de reconocer que arranca del año 1994 y que su artífice fue Solbes, el mejor ministro de Economía que ha tenido la democracia.
2.- La eficacia contra el terrorismo, que utilizaron en la campaña en contra del Pacto de Estado firmado con el PSOE dando un protagonismo a ETA que resultaba inmoral y en contra del PSOE y de Cataluña. La frase de Mayor Oreja asegurando que “ETA mata, pero no miente” resultó patética cuando el gobierno señalaba a Eta como autora del atentado del 11M y la organización lo desmentía el viernes, día 12, en el Diario Gara.
Y 3.- El Partido Popular quería una escasa participación ciudadana y renunció a las ruedas de prensa y a los debates que deseaban muchos ciudadanos. La participación, sin embargo, fue masiva (78%) y los jóvenes y los que en las anteriores elecciones de 2000 se habían abstenido le dieron la espalda.
Si, por último, nos detenemos en los resultados electorales podemos sacar algunas conclusiones. El voto útil que ha servido para desplazar al PP del poder se ha reunido en torno al PSOE y perjudicado a otras formaciones de izquierda, especialmente a Izquierda Unida. El propio José Luis Rodríguez Zapatero reconoció esta realidad en su primera entrevista, concedida a la SER el lunes pasado. Sin embargo y a pesar del gran número de votantes del PSOE (alrededor de 11 millones) no se ha conseguido la mayoría absoluta, lo que nos tiene que hacer reflexionar sobre algunos aspectos. En primer lugar, que la voluntad popular ha querido y quiere la negociación, el diálogo, la pluralidad. Al mismo tiempo, rechaza los excesos, la manipulación y el estilo político representados por la mayoría absoluta del PP.
Realmente estamos ante una etapa política nueva e histórica que ha despertado la esperanza y la alegría de los españoles frente a la confrontación y el estilo bronco de estos cuatro años. Todos habremos triunfado, en la oposición o en el gobierno, si dentro de cuatro años volvemos a acercarnos a las urnas con la alegría que se merece el día de la fiesta por excelencia de la democracia: el día D.
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