opinion isidro

PATROCINADORES

Copyright© Foro Salamanca. Todos los derechos reservados | Aviso Legal | Protección de datos

Ha ganado Zeta Pe las elecciones en unas pocas horas de puño y rosas, negrísimas como estación de tren que, por escasos diez días, se nos ha adelantado de golpe a esa otra estación de colorines que llamamos primavera. Han estallado las urnas y con ellas este país que ahora gustamos en denominar “Españas” anda atribulado, como despertándose de un treintaiseis cualquiera, partido en azules y rojos, en meapilas y comecuras, en constitucionalistas y partidarios de otros planes y estatutos.


Ha ganado la democracia emocional, como no podía suceder de otra manera en tiempos de pensamiento débil y debilidad de la razón, de manera que por un instante el culpable de nuestros males ha dejado de ser el grupo terrorista – con chilaba o con txapela – y le hemos dado una patada en el culo al mandamás del bigote. Aznar no cavó su tumba política– y bien que pudo hacerlo – cuando nos embarcó en la guerra, cuando puso los pies encima de la mesa de su amigo Bush, cuando se tiñeron de Prestige las costas, o cuando se dirigió al mundo con inefable acento tex-mex y ha visto, sin embargo, como un vía crucis concentrado en el espacio que va desde el once hasta el catorce eme le ha clavado en la cruz, sin muchas esperanzas de que el triduo termine en alguna forma de resurrección.


Son las cosas que tienen estos razonamientos nuestros tan contagiados de emoción e intoxicación informativa. Una mezcla explosiva de sentimientos rabiosos y compasión con las víctimas directas nos lanzó a la calle con lazo negro y silencio también negro, y a las pocas horas nos volvió a lanzar contra las urnas sin pararnos a pensar mucho si juntos vamos a más o si merecemos una España mejor. Una de las dos Españas jugó al ratón y al gato, con los muertos aún calientes, mientras cometían la última tropelía en la tele pública. La otra – la que ha de helarnos el corazón - mandó a las hordas a combate y se pasó la tarde de reflexión jaleando el asalto a las sedes de la gaviota y repitiendo sin vergüenza que necesitaban el poder para sentirse verdaderamente libres.


Ha perdido Rajoy las elecciones en unas pocas horas de lluvia y sangre, azulísima como camisa de los telediarios. Hemos perdido el tren – quizá, unos cuantos – y lo peor es el vértigo descomunal que da mirar por entre los hierros retorcidos y el boquete que ha quedado o mirar, sin más, hacia las vías, con los ojos extraviados, deseando que no sea sólo una ilusión óptica el que los raíles se junten allá en el horizonte.

Isidro Catela
Españas