El atentado espantoso de marzo en Madrid ha distorsionado la campaña electoral de tal manera que, ante un voto a la derecha decidido de antemano, ha cambiado la intención del voto de manera radical.
Redacto este artículo a lo largo de tres momentos bien diferenciados en el proceso de votación: el día antes de la votación, la noche del 14 de marzo, cuando se da cuenta de los primeros resultados y al finalizar el día después de la votación, para contrastar una intuición que, de manera serena pero plenitud, se me representa tanto en mi conocimiento como en mi deseo: la inesperada victoria de la izquierda en España.
La noche del 13 de marzo . Día en que intuyo que la derecha ha perdido las elecciones. Y lo pienso por tres razones. Primera porque las personas de este país estamos percibiendo físicamente el resultado de habjusto que nuestro Gobierno y su Partido nos exponga a la barbarie de la venganza. er participado como “vencedores” en una guerra injusta. Ningún español o española quiso ir a la guerra pero nuestro Gobierno nos obligó a “vencer” sin luchar. Y ahora el “vencido” nos golpea mortalmente a quienes estamos indefensos. Es inY eso no se lo vamos a perdonar mañana cuando podamos votar.
La segunda razón es que nos está mintiendo. Y lo que no se perdona a un gobernante es la mentira. Esa prerrogativa sólo la tiene el señor ante sus vasallos. Nos ha mentido a los españoles porque sabe quién nos ha apuntado mortalmente pero no nos lo dice por encubrir su responsabilidad. Ha mentido a la opinión internacional llamando a los corresponsales de medios extranjeros para que digan que ha sido la banda terrorista ETA quien nos está matando. Y ha mentido al mundo presionando al Consejo de Seguridad de la ONU para que apruebe una resolución falsa. Esto es indigno de un Gobierno y de su Partido y nos avergonzamos de ellos ¿Cómo quieren que les votemos?
Y la tercera razón por la que intuyo que mañana el PP perderá las elecciones es que una parte de la sociedad civil está rodeando sus sedes y las de su Gobierno en señal de protesta pacífica. Algo que no se ha producido nunca en nuestra breve historia democrática el día antes de las elecciones. Este es un hecho de valentía contestataria ante el cinismo que supone amparar el silencio el día de reflexión. Reflexionar y decir la verdad es un todo indisociable que ampara la esencia del ser humano civilizado.
La noche del 14 de marzo . Asisto a una reunión, a partir de las 10 de la noche, con otras personas que comentan diariamente la actualidad en una emisora de radio y televisión local. Las caras son bien distintas. El vuelco electoral se ha producido con más calado del que se esperaba. Por parte de alguien se expresa el temor a que se repita en el ámbito del Estado el acuerdo tripartito habido en Cataluña; otros expresan la falta de validez de la Ley Electoral; se razona sobre la valentía o no de Zapatero para sacar a nuestros soldados de Iraq; hablamos de la responsabilidad de Aznar y el daño que ha provocado en su partido al vincularnos a una guerra no deseada por los españoles; de Urdaci a quien le quedan tres telediarios; de Lanzarote y su lenguaje mezquino y provocador; de lo conservadora en el voto que sigue siendo Salamanca (fundamentalmente la provincia); etc.
Percibo en ese momento, con total claridad, que la campaña ha desaparecido, que nadie se acuerda de ella. No se habla para nada del modelo fiscal de unos y otros, de sus propuestas sobre servicios sociales básicos, sobre vivienda, infraestructuras, empleo, sanidad, educación,... Es un momento intenso pero desconcertante. Nuestro país se retrata como un gigante que, por medio de un impacto salvaje identifica en el subconsciente un trauma vivido durante un año, sale decidido de la sesión de terapia a romper con su pasado y a cambiar esa compostura de adormecido.
No sé qué significa todo ello, pero me percibo perplejo y extrañado ante lo que ya es real.
El día después . Lo que ha sucedido estos días en España habrá que analizarlo con calma. Después de haber leído y escuchado análisis muy diversos de los resultados a través de los medios de comunicación, deseo hacer hincapié en tres conclusiones muy genéricas aunque, no por ello, despreciables:
1ª.- Hay que ser crítico con la parcialidad de los medios de comunicación. Parcialidad que está directamente vinculada con el tipo de empresariado que los controla y su propia afinidad política. Es necesario en España una prensa libre de ataduras que evite una fractura social imprevisible.
2ª.- La ilusión depositada a través del voto en las urnas es, en muchos aspectos, semejante a la expresada en las elecciones generales de 1.982. Y este tesoro, la del deseo del cambio hacia posturas más críticas, hay que cultivarlo.
3ª.- Ante un ataque terrorista como el sufrido el jueves en Madrid, la respuesta de España es claramente diferente a la adoptada por EE.UU. después del 11-S. Esta respuesta crea un nuevo paradigma de lucha antiterrorista que es por el que debe apostar Europa, alejándose de posturas represoras y neoimperialistas.
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