opinion felipe


Digámoslo una vez más, aunque no se quiera creer ni oir. En Salamanca, Ciudad Europea de la Cultura y ciudad universitaria, según los datos del Padrón Municipal algo más del 41 % de la población mayor de 16 años no completó sus estudios primarios, es decir, que una buena parte de la ciudadanía presenta graves carencias educativas que la condicionan en otros aspectos. Se abre así un amplio margen para la educación permanente formal y no formal que, sin embargo, carece de apoyos y financiación suficientes.

Sin que tenga que ver aparentemente con lo anterior se quiere convertir a Salamanca en un referente del turismo cultural europeo, eso se dice, a base de enlazar costosos eventos con supuesta proyección, de “programar” una oferta de calidad en “contenedores emblemáticos” y de gastar dinero público, mucho dinero público, en atraer visitantes, mantener colecciones de dudoso interés, subvencionar entre otros a la hostelería y a la Iglesia católica como gran propietario del patrimonio monumental, así como conservar el decorado urbano limpito y mono (“bien está lo que bien parece” es la “filosofía” de la política urbanística y patrimonial en la ciudad). Si hacemos bien los deberes, nos prometen, y convertimos todas las carreteras en autovías y los trenes en AVE, el éxito está asegurado: más negocios, más construcción, más empleo... Hay quien hace notar que el enorme gasto público que ha llegado y sigue llegando a esta provincia (que recibe más de lo que da en el conjunto del estado) no ha servido hasta ahora para detener la despoblación, el envejecimiento o mejorar significativamente el empleo. Pero esos son la minoría de siempre: resentidos, derrotistas, aguafiestas... No hay que hacer caso, ¡Cuantos menos seamos a más tocamos! Y más fácil será reproducir las tradicionales estructuras de poder, sobre todo si los sectores sociales más dinámicos y cultos continúan en su exilio interior, orgullosamente ajenos a las polémicas “pueblerinas”.

Por supuesto que la cultura y las Universidades son activos que pueden y deben servir para que Salamanca tenga futuro, pero la política en materia cultural de Julián Lanzarote y el PP se han caracterizado por su falta de sensibilidad, de imaginación, por el nepotismo y las decisiones “personalísimas”, por el desprecio y el castigo del adversario, por la intolerancia y la falta de diálogo, por la bronca permanente y el uso de la calumnia como arma, por la utilización partidista y sectaria de ciertos medios de comunicación afines en las controversias, por el desinterés... Citemos como demostración algunas palabras evocadoras: Casa Lis, Bretón, Fundación Salamanca, Cueva de Salamanca, Depósito del Rollo, Auditorio de Caja Duero, Archivo de la Guerra,...

Una nueva política cultural en Salamanca debe empezar por asumir que una ciudad culta se hace con ciudadanos cultos. Hay que corregir esas carencias que hemos señalado para capacitar a la ciudadanía en el disfrute y en la participación culturales. Crear programas de educación permanente, reforzar las iniciativas existentes, fomentar que surjan otras, deberían ser tareas prioritarias de las administraciones. En Salamanca existen inquietudes, ideas, emprendedores, que sólo precisan algunos medios y un mínimo apoyo para no emigrar. Facilitar múltiples espacios para el encuentro, el ensayo, la creación, la contemplación,... puede ser un medio eficaz de favorecer las expresiones culturales, la participación, la autoorganización, en definitiva el ambiente cultural que podríamos tener y no tenemos. Hemos de añadir la necesidad de poner en valor el patrimonio monumental, acrecentarlo y dar mejor uso a ese capital social que constituyen los equipamientos culturales, con una oferta de calidad tanto para los salmantinos como para los visitantes, donde cabe la vanguardia y ¿por qué no? incluso la cultura popular tradicional. Esa oferta debe surgir de la coordinación de esfuerzos públicos y privados, de la cooperación entre instituciones, de la búsqueda de patrocinio, todo lo cual requiere el diálogo como premisa y una visión abierta y de largo plazo.

Participación, cooperación, diálogo... se puede hacer de otra forma, pero no nos engañemos, hoy por hoy cuando hablamos de la cultura en Salamanca tenemos que entender que Lanzarote es un síntoma.

Luis Enrique Espinoza
Una ciudad culta se hace con ciudadanos cultos