
Los conflictos judiciales, laborales y políticos que a lo largo de los últimos meses han acaparado la atención de los medios de comunicación locales, traspasando las fronteras de nuestra provincia y convirtiéndose en moneda de intercambio en pactos de Gobierno autonómicos, tienen un denominador común: la polémica gestión del patrimonio cultural salmantino.
Los tres casos – Archivogate, Casalisgate y Fundaciongate - son un claro ejemplo de que los aires de “nuevo talante” que recorren la geografía española no han llegado a nuestras tierras, donde el viejo régimen con sus viejas formas campan a sus anchas. La filosofía de vida de nuestros representantes municipales se puede resumir en aforismos del tipo “el que paga manda”, “si vienen a por lo nuestro les estaremos esperando” o “aquí se hace lo que yo digo y punto”. Márketing político del bueno, práctico y funcional. Los manuales de comunicación e imagen manejan teorías más modernas, científicas, adaptadas a los nuevos tiempos y a una supuesta evolución de la opinión pública. Pero me puedo imaginar a Julián Lanzarote partiéndose de risa ante los que le recomiendan moderación, diálogo, respeto por el adversario ideológico al poner sobre la mesa los datos que le avalan: tres mayorías absolutas consecutivas y sin despeinarse.
Tenga o no tenga razón el alcalde en los últimos conflictos, el problema de fondo consiste en averiguar el modelo cultural que ha diseñado para la ciudad: qué esquema vamos a seguir –sería mucho pedir algo de originalidad-, hacia dónde nos encaminamos y en qué ámbitos nos vamos a especializar. Hacer una buena programación cultural es un primer paso, pero Salamanca tiene que ir más lejos para poder convertirse en el referente cultural que por historia, patrimonio y tradición le corresponde. Hace mucho tiempo que los nombres de Avignon, Edimburgo, Vitoria, San Sebastián, Mérida o incluso Almagro se asocian a la cultura con mayúsculas, hace tiempo que se dieron cuenta de que es importante ser el mejor en algo: teatro clásico, moderno, de calle, jazz, cine… No basta con echar mano del patrimonio monumental y del ambiente universitario para atraer a los turistas. Una visita les sobra para hacerse una idea de Salamanca, sus calles y plazas, su tuna y sus bares. Es necesario, por el bien de nuestra economía, que repitan cada año, que se sientan atraídos por una cita cultural a la que no pueden faltar. Mientras alguien se da cuenta de que tenemos que buscar metas más elevadas nos entretendremos removiendo la mierda en las cloacas de la política. Y todo seguirá igual….
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