
Una de las singularidades de Salamanca es seguramente que la cultura se ha convertido en uno de los principales protagonistas del debate ciudadano. No resulta fácil, sin embargo, extraer las consecuencias inequívocamente positivas que esta circunstancia hubiera de generar. Posiblemente se debe a la dificultad universal propia de toda discusión sobre la cultura y la política cultural, puesto que habitualmente se parte de la ausencia de coincidencia sobre conceptos y acotaciones temáticas. No en vano la palabra cultura dispone de un significado extremadamente complejo e incluso se manifiesta como un término polisémico.
Se ha eludido asimismo consciente o inconscientemente en el contexto salmantino el debate en profundidad sobre el proyecto “Salamanca Ciudad de Cultura”, siguiendo la terminología empleada por el lema acuñado tras la capitalidad europea de la cultura. Además, este debate se ve intoxicado, cautivo u olvidado por los enfrentamientos estériles que originan problemas y conflictos, frecuentemente incomprensibles, nacidos de decisiones institucionales o personales arbitrarias o poco meditadas que afectan gravemente al funcionamiento de importantes entidades culturales y que dan lugar al desánimo y a una sensación generalizada de derrota.
Esbozo seguidamente una serie de afirmaciones que se centran solamente en una de las dimensiones sobresalientes de la condición y la consideración de Salamanca como ciudad de cultura. Pienso que nuestra ciudad dispone sobradamente de los requisitos esenciales para desarrollar con ilusión, participación y solvencia el mencionado y anhelado proyecto de “Ciudad de Cultura”. Sin duda, aunque la situación habría podido ser notablemente mejor si no se hubieran desaprovechado ocasiones o menospreciado tendencias y recursos humanos.
Se ha demostrado en 2002 cómo creadores, periodistas, patrocinadores, visitantes, turistas… creen y se implican en un programa coherente y ambicioso generado en Salamanca. Ha destacado el ejemplar respaldo de los ciudadanos, piedra angular del tejido político, social y empresarial que sustenta esta clase de proyectos. Han de combinarse desde planteamientos contemporáneos y rigurosos las condiciones de ciudad universitaria, patrimonio de la humanidad y europea de la cultura, atendiendo al crecimiento de sectores como el turismo cultural e idiomático o la “industria cultural”. Si se me permite la expresión, el “producto” existe, las infraestructuras y el método también. Falta, no obstante, un acontecimiento cultural de calidad, con producción propia y bien promocionado que se identifique con Salamanca y sea esperado nacional e internacionalmente. La línea de trabajo abierta sobre la relectura de conmemoraciones dará buenos resultados, sobre todo contando con la generosidad del Gobierno en la aprobación de beneficios fiscales.