opinion sergio


Es mentira. La renovación todavía no ha llegado a la política de Salamanca. Ya sé que hay quienes insisten en decirlo, y más si llevan muchos años en cargos públicos, pero en realidad se trata del cainismo que acostumbran a practicar quienes cortan el bacalao tanto en el PP como en el PSOE.

Hay, por supuesto, notables diferencias entre unos y otros. En la Cuesta de San Blas tenemos a los que a fuerza de llevar años ya parecen formar parte del mobiliario de las instituciones y quienes actúan como si un lejano día hubiesen ganado una plaza en propiedad como cargo público 007, con licencia para mandar.

No, no me olvido de que hay caras nuevas. ¡Cómo obviarlo! Tenían que ocupar las vacantes de la cuota de los renovados que ‘voluntariamente' dejaron paso a nuevas generaciones (además, de verdad). Otra cosa es que políticamente sirvan para algo o que les dejen desarrollar sus iniciativas. Para nuestra desgracia tenemos muchos ejemplos de personas valiosas que se han quemado o están camino de ello, así como numerosas muestras de otras que han escarmentado en cabeza ajena y no están dispuestos a cargar con rémoras.

No, si los populares también tienen lo suyo. Aunque eso de perpetuarse no va con ellos. No les da tiempo. Desde que con el ‘davilazo' aprovecharon para deshacerse de los casimiristas no han parado de ‘renovarse' unos a otros en cuanto se descuidan, siempre que no sean del clan y/o parientes cercanos de los amos. ¡Quién iba a decir a más de uno que, sin oficio ni beneficio, estaría en lo más alto del escalafón popular¡

Tampoco está bien visto estar a la sombra de la gaviota charra con talante dialogante, demócrata, aperturista y moderno, como hemos podido apreciar en muchos ‘renovados'. Aquí, el poder está en los caciques rancios, totalitarios, déspotas y soberbios. Afortunadamente, ya hay movimientos en el PP (más de fuera de Salamanca que de dentro) que tratan de quitarse de encima este lastre social, aunque con más lentitud de la deseada para intentar reducir al máximo el coste electoral.

Este fondo inmovilista que comparten ambos partidos ha llevado a las instituciones y, en general, a la vida política de Salamanca a un anquilosamiento rancio, con actuaciones predecibles de los representantes políticos que sólo buscan un modus vivendi en la vida pública. Día a día demuestran que sólo persiguen intereses partidistas, mientras los escasos beneficios que nos llegan a los ciudadanos apenas dejan de ser consecuencias colaterales y armas arrojadizas contra la gestión de unos u otros.

Así las cosas, a los ciudadanos de Salamanca sólo nos queda salir del juego partidista, no aceptar el ‘si no estás conmigo estás contra mí', ser más críticos con nuestros representantes políticos y no darles carta blanca. No nos olvidemos de que ellos tienen que gobernar, no mandar.
Sergio Arestizabal

Renovación mental