opinion ángel gamazo


Tendré que dar las gracias a la confusión creada por el tándem Amenábar-Sampedro, a raíz de la película “Mar Adentro. Si esta mañana, tumbado en la cama, hubiera ingerido un poco de veneno en un vaso que alguien hubiera puesto en su interior, entiendo que me habría eutanasiado.


Si además lo hubiera grabado en vídeo y hubiera hablado con la Asociación Derecho a Morir Dignamente (MDM), que entendería perfectamente que estoy gravemente enfermo, y hubiera puesto en un brete a la justicia, sería un simpático héroe bonachón, intelectual, terco y desesperado de película premiada.


Todo el mundo comprendería mi desesperada lucha y me apoyarían en los medios de comunicación, donde oiría a pseudointelectuales postmodernos y poco reflexivos defender mi derecho a una muerte digna, a la eutanasia. Todos contentos, yo muerto y famoso, y las personas que me rodearon y ayudaron, estarían todos los días en la televisión y en los juzgados luchando por la eutanasia.


¿Por qué? Porque tengo una tetraplejia, con una lesión más alta que Ramón Sampedro, lo que en teoría me hace estar más gravemente enfermo, y por lo tanto soy el candidato ideal a la eutanasia voluntaria.


Claro, que si yo le hubiera explicado a la MDM que no estoy gravemente enfermo, sino que tengo lo que la Organización Mundial de la Salud considera una deficiencia, que mi esperanza de vida es la de cualquier otra persona de mi edad y que tener una tetraplejia es una manera diferente de vivir, quizá, entonces, habrían comprendido que lo que yo pedía era mi suicidio asistido, no la eutanasia.


Si además hubieran entendido que en realidad yo podría haberme suicidado solo si hubiera querido, pero no me da la gana, porque prefiero quedarme en la cama todos los días, a rehabilitarme y salir a comprar lo necesario, y todo el mundo entiende que es lógico y tengo derecho, entonces habrían descubierto que lo que buscaba era simplemente un suicidio cómodo, sin moverme de casa.


Quizá entonces no habrían creído que teníamos una posibilidad de modificar el Código Civil, ya que esa comodidad la podrían pedir todos los ciudadanos, y eso ya no es lo mismo. Que una cosa es que se suicide un pobre desgraciado tetrapléjico y otra es que cualquiera que no tenga tetraplejia pueda pedir lo mismo.


En ese caso, mi libro no se habría publicado, ni habría engañado a Amenábar pensando que luchaba por la eutanasia, ni se habría hecho una película engañosa, ni tendríamos ahora a toda la sociedad pensando que es lógico que esta mañana me quiera morir, porque tengo una tetraplejia.


Y como no es lógico, esta mañana me he sentado en mi silla automática, me he sentado delante del ordenador y he escrito este artículo para ver si alguien entiende que la tetraplejia no es una enfermedad, que la vida de muchas personas con tetraplejia no tiene una dignidad plena porque nos roban nuestros derechos y nos discriminan todos los días, porque la sociedad aboca a muchos de nosotros a acabar encerrados en una residencia o en casa con nuestra familia, y que con una sociedad que ponga los medios adecuados, vivir teniendo una teraplejia puede ser igual de digno que vivir con cualquier otra realidad humana.

Javier Romañach

Yo me eutanasio