opinion maría josé


Salamanca es una ciudad para vivir, para pasear y para disfrutar. Pero a una capital de provincias como ésta, tan bonita, tan turística y tan universitaria, le sobra alguien como Lanzarote. No es una afirmación partidista ni partidaria, de verdad. Pero Salamanca no se merece a un alcalde enfadado con la humanidad, que lo mismo se quiere cargar al director de la Casa Lis, que no duda en enfrentarse a Caja Duero, uno de los principales valedores económicos de la ciudad, que se mete por no sabemos qué intereses privados en el conflicto del Gran Hotel, aunque para ello haya perdido a uno de los concejales que más prestigio aportaba a su equipo de Gobierno.


Lanzarote por enfadarse se enfada hasta con los suyos y ahí está enfrentado al alcalde de Valladolid, ¡que para Salamanca lo quisiéramos! Sigue tratando a su gente con despotismo pero muy poco ilustrado, y eso sí, de vez en cuando reparte algún puesto de trabajo, de esos de libre designación, para pagar favores a los más arrastrados, lo que tampoco acaba de convencer a los que siguen a su lado por vocación política, pero que, y son los menos, no tienen que depender del alcalde y presidente del PP para vivir.


Todo en esta ciudad es motivo de crispación. La cultura, los autobuses, los archivos y hasta las licencias urbanísticas tienen siempre enfadado a Don Julián. Que digo yo que si al final siempre hace lo que le da la gana, al menos podía cambiar al gesto y ser más simpático.


Lanzarote nos la tiene jurada a muchos y se la está jugando él solo. Porque su salida del Ayuntamiento para las próximas elecciones municipales podría permitirle un retiro cómodo en el Senado. Sin embargo, si sigue así, y me consta que su partido en Castilla y León está ya muy cansado de tanta crispación, puede quedarse sin escaño. Pero yo quiero que se vaya a Madrid, ¡claro!, que le aguanten otros, que aquí ya nos hemos ganado el cielo.


Es el momento de la esperanza, la tranquilidad, de mejores tiempos. Que el PP y el PSOE busquen a sus candidatos para ganar y que en nuestro ayuntamiento puedan volverse a oír otras voces de grupos minoritarios. Quedan dos años de pesadilla, pero espero, de verdad, que lo peor ya haya pasado y que, si de verdad hay un mundo más justo, algunos se vayan al infierno.

María José Pintor
Al infierno