
Las declaraciones del alcalde de Valladolid a un medio de comunicación local ilustran esta actitud: “Yo no culpo a los demás de sus fracasos o de los problemas que tenga la ciudad y lo que sí hago es mirar lo que hacen los demás y tratar, si es bueno, de incorporarlo a Valladolid y además, mejorarlo”, aseguró Javier León de la Riva, en clara alusión a Julián Lanzarote. Una actitud muy positiva la de este político vallisoletano quien, en lugar de buscar el enfrentamiento estéril con todo tipo de instituciones y organismos, prefiere trabajar por su ciudad, mejorar sus infraestructuras y auparla al lugar que le corresponde en el ámbito nacional.
Nuestro alcalde debería tomar nota de los políticos que entienden su actividad de otra forma, que están en la vida pública con la clara voluntad de servir a los ciudadanos en lugar de dejarse llevar por las vísceras cada vez que se le cruza alguien en su camino. Las ambiciones personasles, los odios, las manías persecutorias, los amigos "sospechosamente interesados" y el afán de revancha derían dejarse a la puerta cuando se entra en cualquier institución pública.