

Y dale. Parece que en esta provincia de nuestros amores hablar en público, al menos cuando se trata de hacerlo en el ámbito del discurso político, es algo tabú. Las familias, por muy conservadoras que sean, empiezan a asimilar, aunque sea a golpes (sentimentales y morales, se entiende) que en su entorno puede haber un ser querido que sea gay o lesbiana. Pero ¡ojo! si alguien quiere hacer bandera de ello, o reivindicar públicamente su homosexualidad.Se acepta al afeminado, al mariquita de toda la vida que tiene su gracia y nunca habla directamente de este tema e incluso, sobre todos los más mayores, valoran a quien de antemano ya apreciaban al enterarse de que tiene ese “defecto”. Y en esto, como en todo, también hay sexismo. Es mucho más fácil aceptar que un hombre es gay a que una mujer es lesbiana.
La normativa va, como siempre, por detrás de la realidad social. Y ahí tenemos a más de la mitad de la población toda afectada por si los homosexuales pueden adoptar a “pobre niños” indefensos.
¡Ya está bien de manipulación, de ser tan rancios, de ser tan cuadriculados y, sobre todo, de ser tan insolidarios!. No sólo la Iglesia no ha estado a la altura, el Estado tiene mucho que avanzar en este sentido y en Salamanca, más que en ningún otro sitio, lo tenemos todavía muy crudo.
Carlos Amador