
Hasta que empezó la polémica en febrero de 1995, cuando una multitudinaria manifestación recorrió Salamanca, el Archivo de la Guerra Civil no existía para la mayor parte de los salmantinos, catalanes y, mucho menos, para el resto de España.
Es muy duro y triste decirlo, pero los papeles de San Ambrosio se han hecho famosos, sobre todo, por culpa del fanatismo y la intransigencia de unos pocos, que han manipulado a la opinión pública y han hecho sectarismo en una asunto en el que realmente lo que menos les importa es lo que ocurra con los legajos.
Los fanáticos de un lado no hubieran movido un dedo, como ya ha ocurrido con otros temas más importantes, si en lugar de Cataluña se tratara de, por ejemplo, Albacete o La Rioja aunque, en realidad, han obviado que hay más comunidades de diferentes signos políticos involucradas en esta polémica.
En el otro bando tenemos a los ‘hooligans' nacionalistas que, insaciables, quieren decidir por todos de forma despótica y utilizar cualquier medio para imponer sus teorías y erigirse en salva patrias, sin dejar de mirarse el ombligo. Se creen autosuficientes y actúan como si la historia hubiera comenzado con ellos.
Ambos han conseguido crispar a la sociedad española y empujan a los ciudadanos a posicionarse, en una vorágine tal que la mayor parte se ha visto encasillada en uno de los dos bandos sin haber tenido elementos de juicio suficientes, ni haber podido pararse a pensar que no tienen por qué elegir entre uno de los dos fanatismos.
Si conseguimos abstraernos del ambiente si-no-estás-conmigo-estás-contra-mí que promueven los políticos mediocres, estaremos de acuerdo en que la solución a esta situación sólo puede llegar por el diálogo y la generosidad de todos. Salvando las distancias, problemas infinitamente más importantes y trascendentes para los españoles se han resuelto de esta forma, como la Transición al actual sistema democrático y la elaboración de la Constitución de 1978.
Debemos superar y aislar a quienes fomentan actitudes extremistas que abusan de la buena fe de la mayor parte de los ciudadanos y recuperar en el diálogo social los valores democráticos. Esta será la única vía para solucionar con normalidad este y otros problemas que sin duda deberá afrontar la sociedad española, que ya ha dado muestras de que sabe hacerlo y muy bien.
Me niego a elegir
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