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La sociedad española ha dejado patente, una vez más, su entrega y su compromiso con las personas más desfavorecidas. Su respuesta ante la catástrofe que acaba de asolar el sureste asiático no tiene parangón: solamente Cruz Roja Española ha recibido más de 32 millones de euros, de euros, de donaciones de gente como tú y como yo, vamos, de la calle, mayores y adolescentes, ‘tocados’ de lleno por la tragedia y llamados a responder de la mejor forma posible, vaciándose los bolsillos, ofreciéndose como voluntarios, enviando ayuda humanitaria de todo tipo... Vaya, sin parangón, muy por encima de otras sociedades ‘más desarrolladas’, en lo económico, por supuesto.
Y, sin embargo, no dejamos de ser un país de contrastes, de latinos, de entregas apasionadas y de guerras de trincheras, hermano contra hermano, por las cuestiones más baladíes, aunque todo tiene, siempre, su importancia. Y, a vueltas con el Archivo, con legajos que ni unos ni otros conocían hasta hace muy poquitos años... Pasan los días, los meses, los años incluso, y seguimos enconados en el destino de un 2,5 por ciento de legajos, con su valor, por supuesto, pero con su relativo valor para unos y otros, pese a lo que digan expertos y sabios de última hora.

Tan brutos en algunos campos y tan humanos, tan humanamente humanos, en otros. Porque, a estas alturas de la película, muy poquitos saben que la sociedad charra y la sociedad catalana han sido de las más destacadas en su apoyo hacia las víctimas del tsunami que asoló Asia. Y, digo yo, ¿no podríamos celebrar este éxito común con una sentada campera, con su ‘pan con tumaca’, con su chorizo de Candelario, con su cava catalán, y hablar, sin egos, de cómo difundir el archivo a todos, absolutamente a todos? Vaya, por eso de que no se vuelva a repetir.

Miguel Ángel Rodríguez

Archivo solidario