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Dejarse llevar por la euforia de las masas puede llevar a terribles errores, como lo ocurrido en la manifestación por las víctimas de los atentados en la que un grupo considerable de exaltados arremetieron física y verbalmente contra el ministro Bono, en otras ocasiones a defender posturas que ni nos van ni nos vienen con auténtica pasión y también a creer que si todos dicen algo tiene que ser verdad.

Pues reconozco que yo, en el tema del Archivo de la Guerra Civil, me vi absorbida un poco por la euforia, un mucho por mi propia ignorancia del tema y muchísimo por no poner en duda lo que decía la mayoría. ¡Faltaría más!, era la primera manifestación en condiciones que como periodista cubría en Salamanca. ¡Miles de personas unidas por el archivo, contra los catalanes, luchando por Salamanca! Y allí estaba yo, en el año 95 redactando informaciones, opiniones y crónicas sobre la denuncia que había hecho Julián Lanzarote, entonces portavoz de la oposición, de que los catalanes se llevaban el Archivo de San Ambrosio de Salamanca.

¡Qué suerte tuve! Trabajaba ese domingo en el periódico, y mi entonces jefe de sección, que me tenía un poco de ojeriza, me mandó a mí a la rueda de prensa en la sede del PP para no fastidiar a ningún otro redactor. Pero la suerte y Lanzarote se cruzaron en mi camino, y así pude hacerme cargo de la noticia que más ha dado que hablar en los últimos diez años. ¡Cómo me lo pasé!. Durante los días preliminares a la famosa manifestación fui, a través de mis artículos, incendiaria como la que más, animando al personal a participar en la protesta y escuchando a Jesús Málaga el “no pasarán”.

Tengo que confesar que, hasta ese momento, jamás había oído hablar de tal archivo, ni mucho menos sabía donde estaba, y, aunque ahora me dé vergüenza, tengo que reconocer que me encantaba llamar por teléfono a Anasagasti para conseguir que dijera “Si los catalanes piden lo suyo, los vascos haremos lo mismo”. ¡Qué bien! ¡Qué portadas!, ¡todos a una, Salamanca unida jamás será vencida”.

Ahora, diez años después, entono el mea culpa. ¡Qué ignorante y qué osada!. Por eso, hoy que sé del Archivo de San Ambrosio mucho más que entonces, no estoy segura de que la decisión del Comité de Expertos, que tan rápidamente ha aceptado el Gobierno, sea la más acertada. Pero lo que sí tengo claro es que los catalanes tienen derecho a reclamar ese 2,5 por ciento de legajos, que Salamanca seguirá siendo la ciudad maravillosa y dejada por nuestras autoridades de siempre, y que intentar levantar en armas, como ha hecho Lanzarote, a toda una ciudad es simplemente inaceptable.

Ojalá hubiéramos sido igual de reivindicativos hace diez años con las autovías, o ahora mismo con la Casa Lis, por poner tan solo un par de ejemplos.

En cuanto a mi comportamiento periodístico de entonces...pido disculpas. Lástima que la historia se repita aunque con otros protagonistas.

María José Pintor

La historia repetida